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En cuclillas, observa dentro del haz de luz las partículas flotantes de polvo de lo que alguna vez fue su propia piel.
En época de verano, a la hora del atardecer, diario entra esa línea de luz formando treinta y cinco grados con respecto al suelo de su celda traspasando la pequeñita ventana. Por la misma altura de ésta, nunca ha tenido oportunidad de ver lo que hay allá afuera, sin embargo, en esta temporada es tal la luminosidad que se forma en esos momentos, que la habitación se torna anaranjada, logrando por algunos instantes que su agujero sea más cálido, que se sienta como un recinto iluminado, que se inviertan las luces de sus cálculos.
Durante siglos ha gozado de imaginar, confinado en algún rincón de sus escasos metros cuadrados que es lo que podría haber allá afuera. Gusta de imaginar grandes espacios abiertos, llenos de paz y sin nadie alrededor. Tiene mucho tiempo de no ver a ningún ser humano, en sus profundos pensamientos habita un miedo mortal a toparse con uno de nuevo, y cuando esto invade su mente le afecta emocionalmente demasiado, por tanto, sólo piensa en bellos lugares, pero jamás traza compañía. Por experiencia, sabe que la situación puede alterarle de tal forma, que podría pasar inconciente varios días debido a las convulsiones.
Sólo dos actividades lo hacen dejar su incansable trabajo. Su adoración por la lluvia, sobretodo las grandes tormentas, cuando el concierto llega a sus oídos a veces lo lleva a rascar las paredes de puro placer; el frío también lo orilla a acurrucarse con su cuerpo desnudo y allagado para tratar de encontrar en algún lado el calor en donde tiene mucho de ya no encontrarlo, pues éste se escapó; si ninguna de estas condiciones existe, trabaja arduamente sobre los planos tridimensionales que ha trazado a través de los siglos con su mente alrededor de toda su celda ó aquellos textos escritos en esos geroglíficos extraños que escribe con sus uñas sobre las paredes en letra diminuta, sobretodo durante la noche, cuando es capaz de vislumbrar sus textos en un naranja brilloso contrastante a la perfección con lo negro de su existencia y la obscuridad de su celda.
Desde hace tiempo ha deducido que calcula su propia hora, la lista de interminables iteraciones que hace sobre la función pintada en la pared que lo acosa desde su aparición en la celda hacía…¿Hacía cuanto? Sabe que su muerte es inminente y que ésta está cerca. Hay una réplica podrida, las iteraciones no dejan de entregar los números malditos y los glifos no dejan de indicarle algún suceso extraño en la historia…¿Que historia?
Llego la hora.
Todo es anaranjado en el solsticio cuando espera ver de frente a la verdad rasgando el ridículo telón ilusorio de su podredumbre. Sin temor, se pone de pie volteando hacía arriba por donde el haz de luz penetra, piensa que pronto éste mostrará el polvo de todo lo que alguna vez él, sus cálculos y sus pensamientos fueron en conjunto. A lo lejos puede escuchar una voz robótica que repite la secuencia del resultado de las siete iteraciones podridas que el mismo calculó en los últimos meses, siente un agudo dolor en el pecho del cual es inevitable emitir un grito de intenso dolor que se ve inmediatamente ahogado por algo que obstruye el interior de su cuerpo. De su boca se asoman ocho dedos de largas uñas aferrados a sus mejillas deformándole las facciones. AL poco tiempo son una cabeza y unos brazos empujándo para salir del apretado traje de aquél ridículo ser que calculaba; una figura un tanto viscosa, alta y esbelta se encuentra pisando lo que alguna vez fue un prisionero, da un paso hacia adelante, traspasa la pared sin que la materia ni nada lo pueda detener, y en un abrir y cerrar de ojos, se hace libre.
EGA
